Ser catequista no se limita a impartir una clase. Es una forma estable de seguir a Jesucristo y conducir a otros hacia Él.
Dios toma la iniciativa
Moisés, Jeremías, los apóstoles y san Pablo muestran que la vocación nace de la iniciativa de Dios. Él conoce las limitaciones del llamado y promete acompañarlo.
Estar con Jesús
Marcos 3,13-14 presenta el orden fundamental: Jesús llama a los que quiere para que estén con Él y para enviarlos a predicar. La misión nace de la amistad con Cristo.
Sal y luz
Mateo 5,13-16 recuerda que el testimonio del catequista confirma o contradice sus palabras. La vida cotidiana también enseña.
Formación permanente
El catequista necesita estudiar la doctrina, cultivar la oración, recibir los sacramentos y revisar con humildad su manera de servir.