PAGANOS QUIEREN VER A JESÚS
24 En verdad, en verdad, os digo: si el grano de trigo arrojado en tierra no muere, se queda solo; mas si muere, produce fruto abundante.
25 Quien ama su alma, la pierde; y quien aborrece su alma en este mundo, la conservará para vida eterna.
26 Si alguno me quiere servir, sígame, y allí donde Yo estaré, mi servidor estará también; si alguno me sirve, el Padre lo honrará.
Jn 12,24-26 · Sagrada Biblia, Mons. Juan Straubinger
Notas y contexto
Nota de Mons. Straubinger
24 ss. Jesús aplica esto primero a Él mismo, según vemos por el v. 23. Significa así la necesidad de su Pasión y Muerte (cf. Lc. 24, 46) para que su fruto sea el perdón nuestro (ibid. 47; cf. Is. 53, 10 ss.). En segundo lugar lo aplica a nosotros (v. 25) pata enseñarnos a no poner el corazón en nuestro yo ni en esta vida que se nos escapa de entre las manos, y a buscar el nuevo nacimiento según el espíritu (3, 3 ss.; Ef. 4, 24), prometiéndonos una recompensa semejante a la que Él mismo tendrá (v. 26). Cf. 17, 22-24.
Explicación sencilla
Estas palabras aparecen cuando unos griegos desean ver a Jesús. Él responde anunciando que su glorificación pasa por la cruz. Como el grano sepultado, su Pasión dará el fruto de nuestra redención.
Después aplica esta misma lógica al discípulo. «Aborrecer» la propia alma no significa despreciarse, sino no convertir el yo ni la vida temporal en el bien supremo. Seguir a Cristo exige entregar el egoísmo, servir y orientar la vida hacia la eternidad; el Padre promete honrar a quien permanece con su Hijo.