Dios no ha terminado contigo

La conversión reconoce el daño con verdad, pero la esperanza cristiana impide reducir a una persona a su peor caída.

Mientras una persona vive puede pedir ayuda, arrepentirse, reparar y permitir que Dios reconstruya su vida mediante pasos concretos.

Trigo y cizaña

En el corazón pueden coexistir deseos de cambio y hábitos destructivos. Reconocer la cizaña no significa negar el trigo que la gracia puede hacer crecer.

La caña resquebrajada

Cristo no desprecia a quien está herido. Su misericordia no encubre el pecado: sostiene a la persona para que pueda levantarse y caminar en la verdad.

La ayuda también es gracia

Pedir acompañamiento espiritual, médico o psicológico no demuestra falta de fe. Puede ser una respuesta responsable a los medios que Dios pone al alcance.

Perseverar

La recuperación suele requerir límites, comunidad, reparación del daño y decisiones pequeñas repetidas con fidelidad.